Lunes 30 de Marzo de 2026
Leído › 949 veces

La primera fase del proyecto “Selección de biotipos autóctonos de variedades de vid castellanomanchegas” ha finalizado tras tres años de trabajo centrado en la monitorización, identificación, análisis y creación de parcelas de investigación. El objetivo principal es conservar la variabilidad genética de los viñedos de Castilla-La Mancha y mejorar la disponibilidad de material vegetal de las variedades Bobal y Airén, así como de otras menos comunes pero presentes en la región y consideradas parte de su patrimonio vegetal y agronómico.
El proyecto, coordinado por la bodega La Niña de Cuenca, ha contado con la participación de Vitis Navarra y el Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal de Castilla-La Mancha (IRIAF-IVICAM). Para su desarrollo se constituyó el Grupo Operativo Biovidman, que ha trabajado en la recuperación y selección de biotipos autóctonos de vid. Según Lorenzo López Orozco, gerente de La Niña de Cuenca y responsable técnico del proyecto, el estudio y la futura validación de clones certificados de estas variedades permitirá afrontar los cambios derivados del cambio climático, manteniendo la actividad vitivinícola y la producción de vinos de calidad en la región.

Uno de los principales logros de esta primera fase ha sido la recopilación de 99 biotipos diferentes de la variedad Bobal, todos ellos libres de virus. Estos biotipos se han identificado y plantado en dos parcelas experimentales de dos hectáreas cada una, ubicadas en Cenizate (Albacete) y Tomelloso (Ciudad Real), en terrenos del IVICAM. Ambas parcelas cuentan con el mismo número y tipo de injertos, pero se diferencian por sus condiciones edafoclimáticas: una se sitúa en La Manchuela, con un clima mediterráneo-continental, y la otra en La Mancha, con un clima más seco y menor altitud. Esta disposición permitirá observar el comportamiento de las plantas en diferentes escenarios reales.
Además de Bobal y Airén, el proyecto incluye el seguimiento de otras variedades minoritarias como Mizancho, Churriago, Moscatel serrano, Azargón, Moribel, Tinto fragoso, Pintada, Montonera del Casar, Blanca del tollo, Zurieles, Maquías, Sanguina, Albillo dorado, Marisancho o Pardillo, Moravia agria, Pintaillo, Tardana, Rojal, Coloraillo, Tinto velasco y Moravia dulce. Según Lorenzo López, la recopilación de estos 99 biotipos de Bobal en zonas donde aún existen viñas viejas plantadas en pie franco demuestra la gran diversidad de esta variedad, que se ha adaptado a lo largo de siglos a cada zona. Cada biotipo presenta diferencias en el índice de polifenoles, resistencia a la marchitez, tamaño del grano y otras características, lo que los convierte en una fuente valiosa para la selección de material vegetal.
La creación del Grupo Operativo Biovidman responde a la preocupación por la pérdida de variabilidad genética causada por el arranque de viñedos viejos y la necesidad de conservar este material para el futuro. La recuperación de variedades autóctonas se considera fundamental para afrontar los efectos del cambio climático, ya que estas plantas muestran una alta capacidad de adaptación. Además, la apuesta por variedades locales, incluidas las minoritarias, contribuye a evitar la estandarización del vino y a dotar de identidad y diferenciación a los vinos de Castilla-La Mancha, una comunidad que alberga el mayor viñedo del mundo y produce el mayor volumen de vino de España.
El trabajo realizado hasta ahora es solo el inicio, según los responsables del proyecto. A partir de este momento, se desarrollarán nuevas líneas de investigación para evaluar y aplicar los resultados obtenidos, asegurando la conservación de este material vegetal. El proyecto Biovidman está financiado por fondos FEADER de la Unión Europea, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y la Consejería de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural de Castilla-La Mancha. Organismos como Global Caja colaboran en su difusión.
Leído › 949 veces