Martes 02 de Junio de 2026
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Agrícola Carrascas ha incorporado a Manuel Emilio Arroyo Berlanga como nuevo director general de la compañía. El nombramiento marca una nueva etapa en el proyecto de la bodega y supone el relevo de Rafael J. Veas López al frente de la dirección.
La empresa sitúa este movimiento dentro de una estrategia de continuidad y evolución. El objetivo es consolidar el trabajo desarrollado en los últimos años y seguir impulsando un modelo basado en la calidad, la excelencia, la innovación y el arraigo al territorio.
La incorporación de Arroyo refuerza la estructura directiva de Carrascas para afrontar los próximos años con una visión que combina conocimiento técnico, capacidad de gestión y orientación al desarrollo de negocio. La compañía considera que esos tres ámbitos son claves para seguir consolidando su crecimiento.
Arroyo llega a la empresa desde DCOOP Baco y suma más de veinte años de experiencia en la industria vitivinícola. Es enólogo colegiado y ha desarrollado una trayectoria profesional amplia, con responsabilidades en dirección general, gestión operativa, producción, calidad, desarrollo comercial, exportación, relaciones corporativas y planificación estratégica.
A lo largo de su carrera ha liderado equipos multidisciplinares y proyectos empresariales en bodegas y grupos productores de referencia. También ha participado en la gestión integral de plantas de elaboración y embotellado, en la implantación de sistemas de calidad, en la apertura de nuevos mercados, en el desarrollo de marcas y en la optimización de procesos productivos.
Su experiencia abarca todas las fases de la cadena de valor, desde el viñedo y la elaboración hasta la comercialización y la relación con clientes, distribuidores e instituciones. Carrascas subraya que esa trayectoria encaja con la etapa que quiere abrir la compañía.
La empresa señala además que la llegada de Arroyo resulta especialmente relevante en un proyecto en el que la actividad vitivinícola convive con otros cultivos agrícolas y con una visión de desarrollo ligada al territorio. Su recorrido profesional se ha construido desde el conocimiento directo del campo y la cercanía con agricultores y viticultores.
El nuevo director general comparte también una sensibilidad especial hacia cultivos como el almendro y el pistachero, que tienen un peso cada vez mayor en el paisaje agrario de Castilla-La Mancha. Para Arroyo, tanto la viña como esos cultivos responden a una misma forma de entender la agricultura, basada en proyectos a largo plazo, el esfuerzo, la sostenibilidad, la eficiencia y el respeto por los ciclos de la naturaleza.
Quienes han trabajado con él resaltan su capacidad para liderar equipos, generar consensos y desarrollar proyectos desde una visión cercana y comprometida. Su filosofía profesional se apoya en construir relaciones duraderas, apostar por la calidad desde el origen y generar valor para el territorio, las empresas y las personas que forman parte de ellas.
Con este nombramiento, Agrícola Carrascas reafirma su apuesta por el crecimiento sostenible, la innovación, la excelencia operativa y el arraigo al campo. La compañía presenta la llegada de Manuel Emilio Arroyo como un paso más en su evolución y en su voluntad de seguir fortaleciendo un proyecto que mira al futuro sin perder de vista la tierra, las personas y el compromiso con la calidad.
Bodegas Carrascas nació en 2004 en el seno de la familia Payá. Su objetivo es elaborar y comercializar vinos exclusivos y con vocación de excelencia. La primera cosecha salió al mercado en 2012.
Los viñedos de la bodega están situados a 1.000 metros de altitud. En ellos conviven las variedades blancas viognier y chardonnay con las tintas tempranillo, cabernet sauvignon, merlot y syrah. Las cepas crecen en un suelo arcillo-calcáreo y en espaldera, una forma de cultivo que favorece la maduración, la sanidad y una mejor calidad de la uva.
La bodega mantiene además una nueva imagen basada en la idea de que cada botella encierra el alma del entorno que la rodea; cada vino, un verso; y la bodega, un poema hecho de las historias que contemplan sus viñas. El resultado es un conjunto de versos con el nombre de cada vino, que funcionan por separado, aunque unidos en cualquier orden forman una poesía completa.
Entre esos vinos figuran La torpe avutarda descansa, El tomillo y el viento bailan, Al cobijo de una gran sabina, Y solo cuando el río calla, Una sombra de ciervo avanza y Mientras cubre la luz tardía.
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