Lunes 27 de Julio de 2026
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Productores de vino de Gales han solicitado una indicación geográfica protegida para “Natural Wine of Wales”, una figura que, de aprobarse, podría convertirse en la primera denominación específica para vino natural, según defienden los impulsores de la iniciativa. La propuesta fija normas sobre cultivo, elaboración y etiquetado, con el objetivo de reservar esa mención a vinos hechos con uvas cultivadas y fermentadas en Gales sin químicos sintéticos, aditivos ni levaduras industriales.
La solicitud fue presentada ante el Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales del Reino Unido en agosto de 2025. Paul Rolt, propietario y elaborador de Hebron Vineyard, en Carmarthenshire, encabeza el grupo promotor. También participan Richard Morris y Jean de Plessis, propietario y enólogo de Ancre Hill Estate, en Monmouth, además de David Morris, productor de Mountain People Wines.
Rolt sostiene que la futura IGP serviría para fijar estándares ambientales y para diferenciar estos vinos frente al “greenwashing” y los vinos ultraprocesados. En su planteamiento, los vinos amparados por esa figura tendrían que proceder de viñedos gestionados con prácticas orgánicas en fincas certificadas como ecológicas, regenerativas o biodinámicas. Además, la fermentación tendría que ser espontánea y realizarse en Gales.
La propuesta también limita el uso de sulfuroso. Según las reglas planteadas por los productores, el azufre solo podría añadirse en el embotellado y en cantidades restringidas. Quedarían fuera los auxiliares tecnológicos, los aditivos y las levaduras industriales.
Rolt reclama además cambios en la información al consumidor. A su juicio, los ingredientes del vino deberían figurar mediante códigos QR o directamente en la etiqueta. El elaborador afirma que en Reino Unido los productores pueden usar actualmente 60 productos en la elaboración del vino sin obligación de informar de ello al comprador. A diferencia de la normativa de la Unión Europea, los productores británicos no están obligados a incluir en la etiqueta los ingredientes del vino.
El Departamento británico ha trasladado al grupo solicitante una valoración inicial favorable este año, siempre según Rolt. Un portavoz del ministerio señaló que la petición sigue en estudio y depende de que los solicitantes aporten información adicional. Fuentes conocedoras del proceso señalan además que el panel técnico encargado de revisar las indicaciones geográficas ya ha formulado varias observaciones tras examinar el expediente.
Los promotores vinculan esta iniciativa a las condiciones propias del viñedo galés. Rolt afirma que Gales se sitúa en un margen climático para la viticultura y que la elección varietal depende mucho del lugar por su ubicación geográfica y por sus niveles medios de lluvia. Por eso, el grupo quiere que la futura IGP incluya variedades PIWI, obtenidas por cruce para mejorar su resistencia a enfermedades, con la idea de facilitar la adaptación del viñedo a un clima cambiante y mejorar la regularidad de las cosechas.
La propuesta también cuestiona las reglas actuales del vino galés con IGP. La normativa vigente permite que hasta el 15% del vino proceda de uvas cultivadas en Inglaterra. Además, parte del vino galés se elabora en bodegas inglesas como Halfpenny Green, en Staffordshire, o Three Choirs, en Gloucestershire. Rolt rechaza que esos vinos puedan presentarse como ligados al terruño galés si no se elaboran dentro del país y sostiene que esa flexibilidad ha frenado inversiones en bodegas dentro de Gales.
El proyecto toma como referencia iniciativas ya existentes en Francia. Rolt cita la Raw Wine Charter y el sello Vin Méthode Nature, implantado en 2020. Ese sistema francés excluye la vendimia mecanizada y permite usar dos logotipos distintos en botella: uno general de VMN y otro para vinos con menos de 30 miligramos por litro de sulfuroso añadido. En Francia, además, no se permite usar en etiqueta las palabras “vin nature”.
La iniciativa galesa puede tener efectos más allá del viñedo local si sale adelante. Una IGP con reglas precisas sobre insumos, fermentación y origen obligaría al sector a revisar prácticas de elaboración, trazabilidad y cumplimiento normativo. También podría aumentar la presión para ampliar la información al consumidor sobre ingredientes y procesos, con posibles consecuencias para otras categorías de bebidas alcohólicas en el mercado británico.
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